Hinduísmo: Camino de Transformación

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Acercarnos al hinduismo es emprender un viaje fascinante a Un pasado tan remoto que vivíamos fuera del tiempo, un viaje que nos exigirá abandonar algunas de nuestras más arraigadas creencias y abrirnos a nuevas formas de conseguir, no sólo el mundo que nos rodea si no las profundidades insondables del mundo que incluimos en nuestro interior, en definitiva, aprender una nueva lengua.

Oriente es la última brizna de luz del conocimiento en los tiempos oscuros que nos ha tocado vivir. La India, el lugar en el que este conocimiento se vive de un modo más puro, más cercano a la tradición única y eterna.

Tan marcada está la civilización hindú por su tendencia a la contemplación y la meditación que en sánscrito ni siquiera existe una palabra equivalente a materia. Y es que todo en esta civilización arcana está ordenado según principios sagrados, estos sólo se pueden alcanzar mediante el conocimiento profundo de lo que está más allá de la naturaleza y  que conecta con ese mundo no material al que se accede a través de la iniciación, el camino que las doctrinas tradicionales proponen para llegar a la unión con el principio supremo. Suele decirse que los occidentales descubrimos la India cuando Alejandro Magno cruzó el Hindu Kush con su ejercito imbatido, pero ya agotado y al borde de la rebelión.

Tanto hindú como India son términos relacionados con la palabra sánscrita que significa río y que designaba en la antigüedad todo el subcontinente ocupado en la actualidad por la República de la India. Sin embargo es más correcto llamar hindú a las personas seguidoras del hinduismo, independientemente de su raza, del país en el que vivan, o de la lengua que hablen.

Como todas las tradiciones orientales, el hinduismo no se ha comprendido bien en Occidente en parte debido a la dificultad para traducir correctamente el sánscrito, la lengua en la que está recogida la doctrina, pero sobre todo por las diferencias abismales que separan ambas civilizaciones, la occidental encerrada en lo concreto y lo material y la oriental abierta a lo transcendente a lo abstracto, a lo espiritual o metafísico.

El hinduismo no es una religión, no tiene un fundador ni una organización, ni una autoridad eclesiástica, ni siquiera unos preceptos o dogmas establecidos. Se admite que cada persona pueda tener su propia concepción y seguir su propio camino hacia la santidad.

La esencia del hinduismo es la Tradición Primordial que en sánscrito se llama sanatana dharma y cuyo origen no es humano.

Vedismo brahmanismo, shivaísmo o tantrismo son denominaciones de una misma tradición que han ido adaptándose a diferentes circunstancias y que une una enorme variedad de creencias, muy diferentes e incluso aparentemente contradictorias. Desde nuestra mirada occidental pero con ciertos elementos fundamentales en común, todos ellos procedentes de una tradición oral cuya antigüedad desconocemos y que hace más de tres mil años comenzó a ser recogida en una serie de libros sagrados de los cuales los Vedas son los más antiguos. En ellos se relatan leyendas épicas, historias de amor, sangrientas batallas, las hazañas y sufrimientos, en definitiva, de una multitud de personajes simbólicos que representan potencias naturales con ideas abstractas que son el hilo conductor de la doctrina.

Algunas de estas historias cuentan que el mundo comenzó a partir del sacrificio del señor de la inmortalidad, otras dicen que las cosas empezaron a existir cuando Brahma, el principio supremo infinito y absoluto, despertó. Hasta hay historias que afirman que el universo era líquido y que las aguas formularon un deseo del que surgió un huevo de oro que dio origen a los seres.

Una de las leyendas más ricas en matices es la que nos cuenta el origen de la inmortalidad como fruto de la colaboración de los dioses y los demonios, para elaborar juntos el amrita, el néctar de la inmortalidad, a partir del océano de leche de uno de los siete océanos del planeta.

Podemos conocer el estado del ser a través de prácticas iniciáticas como el yoga, palabra que designa la unión con el principio supremo, mediante el conocimiento de todas nuestras posibilidades, tanto de las materiales como de las que van más allá de lo material y que pertenecen al dominio de la metafísica.

Podemos seguir el consejo del sabio: “intentad ser fuertes, sacudiros  todos los miedos y haced progresar el bien en el mundo mediante un trabajo desinteresado que ocupe toda vuestra vida”.

 

PRACTICA DE LA FORMA MAS SENCILLA EL YOGA, TU VIDA CAMBIARÁ:

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