El Cerebro

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Un grupo de neurocientíficos están logrando fotografiar la zona más recóndita del cerebro: la materia blanca. Su reto es elaborar un plano con las conexiones de los cien mil millones de fibras nerviosas. La recompensa sería enorme: saber cómo funciona la conciencia, curar enfermedades mentales, etc. y para algunos incluso, alcanzar la inmortalidad.

En ese viaje a través de la materia cerebral, se adentran por un laberinto de fibras grisáceas, lo están haciendo realidad en el laberinto de Max Planck. Cada uno de los túneles o cables a través de la materia blanca pertenece a neuronas reales: las pequeñas juntas que las conectan, las capas de gras que envuelven las fibras nerviosas, las diminutas pompas que son los neurotransmisores. Y todo es el reflejo de un tejido que existe en la realidad.

El investigador del Instituto Max Planck de Múnich Moritz Helmstädter ha cortado una brizna de sustancia cerebral, del tamaño de un grano de azúcar, en miles de secciones, luego ha fotografiado cada una de ellas con el microscopio electrónico y ha reunido las imágenes con el ordenador. Y el resultado es poder volar a su antojo a través de la sustancia de la que están formados los deseos, las esperanzas y los sueños. Un chisporroteo eléctrico en algún rincón de esa tupida malla neuronal es lo que nos hace sentir tristeza o sonreír, lo que controla el movimiento de nuestras manos, lo que nos hace recordar noches de amor y resolver problemas matemáticos.

Helmstädter forma parte de un grupo de científicos rebeldes que se han propuesto revolucionar la neurología. Su credo es que esta disciplina se encuentra en un callejón sin salida y que solo con una aproximación nueva y radical es posible avanzar en las investigaciones. Lo cierto es que, aunque los neurocientíficos proliferan, el balance de sus progresos es desalentador. Desde que Descartes formulara su famoso “pienso, luego existo”, los investigadores se han afanado en comprender el funcionamiento de la mente. Pero nadie ha logrado explicar cómo un kilo y medio de proteínas y grasa produce un flujo inmaterial al que llamamos “pensamiento”. Todavía no se sabe cómo de la materia pueden surgir ideas.

Por otro lado, los neurocientíficos tampoco han conseguido grandes resultados prácticos. Da igual que hablemos de autismo, esquizofrenia o depresión, la ciencia no ha identificado las causas de estos trastornos. No saben, todavía, qué falla en el cerebro.
Helmstädter y sus colegas creen conocer la razón del fracaso, se ha pasado por alto la propiedad esencial del cerebro, es decir, que se trata de una red altamente interconectada. Apenas se sabe nada sobre la conexión de los cien mil millones de neuronas que hay en nuestras cabezas. Sí se han estudiado neuronas aisladas: sus canales, sinapsis… pero de todos esos datos no es posible derivar la comprensión de los procesos mentales. Una única célula nunca podrá realizar acciones inteligentes. Sola al estar conectada con las demás surge una mente, una personalidad, un yo pensante, sensible.

La palabra clave es “conectoma”. Describe el conjunto de todas las conexiones del cerebro. Los científicos plantean dos formas de alcanzar este objetivo. Por un lado, el Gobierno de Estados Unidos destinó hace dos años 40 millones de dólares para el Human connectome Project. Su meta es realizar, con ayuda de un moderno tomógrafo, un atlas del sistema nervioso central, una especie de plano general de las conexiones del cerebro humano. Pero con este método solo se podrán cartografiar las principales vías nerviosas. Incluso la resolución del mejor tomógrafo es demasiado baja hasta para estudiar células aisladas. Por ese motivo, estos científicos optan por ir un paso más allá; quieren registrar las conexiones de todas y cada una de las neuronas con ayuda de microscopios electrónicos. Cartografiado el conectoma, será posible descifrar el enigma de la conciencia y hallar la clave de las enfermedades mentales.

Sebastian Seung asegura que el modelo del conectoma permitirá responder a muchas preguntas: ¿se crean nuevas conexiones neuronales durante cada conversación, cada experiencia, cada página leída? ¿Cómo se almacenan los recuerdos? ¿Qué pasaría si se cartografía el conjunto de las conexiones cerebrales y se vuelca a un ordenador? ¿Este cerebro digitalizado adquiriría una conciencia propia? ¿Sería capaz de sentir? En otras palabras: ¿es posible crear una copia de la mente humana?

La tesis de Seung es que el secreto de la individualidad humana se esconde en el conjunto de las conexiones neuronales. Todos los recuerdos, sensaciones, miedos y deseos están almacenados ahí. “Tú eres tu conectoma”. Este científico confía en que, algún día, los científicos conseguirán sacar a la luz hasta el último recuerdo infantil almacenado en las células nerviosas. El connectome de los ratones estará listo en unos diez años. Y para entonces ya se podrá intentar con un ser humano. Y, cuando se consiga, podrá descargarse en un ordenador, como si fuera una copia de seguridad almacenada para la eternidad.

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Blanca Holanda. escritora de libros y novelas tales como: La coleccionista de sensaciones o Clandestina

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